Por: Harris Castillo

El discurso del presidente Danilo Medina Sánchez, poniendo en conocimiento del país su desistimiento en perseguir un tercer mandato consecutivo, al que admite haber pensado en algún momento concurrir, es entendible y hasta justificable, visto el carácter involuntario en el que se produce dicho desistimiento.

Emotivo, mas allá del ABC de la más pura de las actividades humanas (ciencia o arte), después de la filosofía según el hijo de Don Juan José y Doña Manuela. Emotivo, más allá de lo que se espera de un líder de sobradas y demostradas capacidades.

Las emociones fueron más contundentes que las palabras.

La gente ha hablado más de lo que dijo con su actitud, sus gestos y sus registros vocales, que de lo expresado con su voz. Está dolido el presidente, escucho a más de uno decir.

Una escuela en toda regla, el presidente Medina nos deja una perla para el estudio futuro del papel que juegan las emociones en la construcción y mantenimiento de los liderazgos.

En una decisión tomada con suficiente tiempo, con los impulsos ya moderados por la liberación del estrés que causa la incertidumbre sobre los efectos de dicha decisión, las expresiones se tornan naturales, no hay prisa por decir lo que se dice, y sobre todo ya se han repartido las culpas y asumidas las cuotas, dejando en el rincón los resabios.

Lo que dijo el presidente, a pesar de las contradicciones que encierra, nos lleva a otro axioma de la política, que aconseja no ser su propio consejero por la influencia que ejerce el medio circundante en la construcción de la percepción, siempre es errónea porque parte de la necesidad de autosatisfacción, que suple de manera eficiente el subconsciente.

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Medina Sánchez se queja del descrédito y las desconsideraciones de que ha sido objeto, olvidando que él (Medina), es producto de un sistema que reproduce esa falla en el genoma del cuerpo político dominicano.

La estrategia del silencio, lección heredada del decano de la Máximo Gómez, (no de los estoicos porque el presidente no ha logrado dominar ese arte), mantuvieron el foco de los ataques alejados del hijo más aventajado de Arroyo Cano, distinto a otros líderes como Balaguer, Peña Gómez, Bosch, Jorge Blanco, Hipólito, Leonel, Miguel Vargas, que fueron objeto de verdaderas campañas de descredito y desconsideraciones, merecidas o no. Lo de Danilo es un juego de niños en comparación.

Minorías, es otro lapsus del discurso, propio del distanciamiento al que son sometidos los gobernantes, que los lleva a reflejar como macro cósmicos, los eventos micro cósmicos de su entorno. En el PLD nunca ha habido minorías, tampoco mayorías.

En vida del prócer de La Vega, el más ilustre de todos entre todos los políticos de primera línea, por su certificada incorruptibilidad (hasta los embajadores de su tiempo observaron que no había por donde entrarle), el PLD seguía una visión, una misión, un liderazgo.

Tras el retiro obligado de Bosch, el PLD se ha movido desde la centro izquierda hacia la derecha radical, haciendo mayorías alrededor de quien tenga el poder del decreto.

Las minorías que señala el presidente Medina, son las mismas que él representó cuando Leonel fue presidente.

Las mayorías que insinúa el presidente Medina, son las mismas que representó Leonel cuando fue presidente. Los mismos senadores, los mismos miembros del comité político, los mismos empresarios, los mismos religiosos, que empujaban al presidente Medina al abismo de su carrera, fueron los que, con honrosas excepciones, en su momento motivaron a Leonel a practicarse el Hara Kiri.

Como la historia es una materia de relleno en el curriculum escolar, y el sedentarismo mental ha llenado de grasa las neuronas, es predecible que esos mismos sectores harán mayoría nueva vez, con quien reciba la antorcha de manos de Danilo. Así, no es ocioso insistir en que en el PLD, no hay minorías, tampoco mayorías, hay presidencialistas.

Por suerte para la familia peledeísta, el discurso del presidente es solo eso, un emotivo discurso. El tiempo no utilizado por la prisa, será suficiente para ver pasar los nubarrones, porque de lo contrario, vientos huracanados pueden azotar el sector de Gazcue y hacer naufragar otro titanic.

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