Por Omar Ureña

Antes de existir las redes sociales, en los años 80 y 90 tuve cierta preocupación por la escritura, se me hacía difícil el uso correcto de la misma. Abandoné los estudios secundarios por dejadez, pero la fascinación por escribir, sobre todo cartas de amor a una que otra enamorada, me exigía a mí mismo hacerlo con las faltas ortográficas menos posibles.

Un buen día, una joven amiga estudiante de término, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, se me acercó y me recomendó la lectura de algunos libros de su propiedad, a partir de ahí, leí varios ejemplares y nació mi inquietud de volver a la escuela y retomar la secundaria que se había visto tronchada por la haraganería de someternos a un aula donde frecuentemente los jóvenes solíamos decir, que en la escuela «no pagan».

Terminé el bachillerato en el Liceo José Núñez de Cáceres en la tanda nocturna, fui en los cuatro años presidente de cada curso, solía ser asistente de algunos profesores y pasamos los exámenes de las pruebas nacionales en la primera convocatoria, el promedio general de todas las asignaturas estuvo por los 96.7.

Permanecí por tres años en la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD extensión Baní, estudiando la carrera de agronomía, en espera de que colocaran en su currículum la carrera de derecho. Esto no sucedió y me desanimé, antes de estar en la UASD de Baní, estuve en la Universidad del Caribe UNICARIBE por cuatro meses y, por falta de recursos económicos tuve que salir hacía Peravia, ya que se decía que impartirían la carrera de mi preferencia.

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Más adelante traté de estudiar en la Universidad Organización y Método O&M extensión Ocoa, una carrera de Psicología, pero sólo permanecí un cuatrimestre, ya que mi inclinación y mis sueños de niño aún inconclusos es ser abogado.

Bien, retomando a la UASD, allí, las dudas sobre las palabras agudas, graves o llanas, esdrújulas y sobreesdrújulas, las pude dominar un poco. De igual manera los nombres propios, en fin, sentí que había rebasado una barrera que me era difícil de saltar.

No creo que saber lo básico de algún oficio me haga más importante que otros, tampoco los halagos me elevan a una dimensión que separe mis pies de la tierra, ni las criticas tengan la potencia de derrumbarme, porque siempre estamos supeditados al aprendizaje, ya lo dijo Isaac Newton “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es un océano”.

Para finalizar sobre esta breve reseña mía, recuerdo que un profesor me pidió una colaboración para que le ayudara a escribir unos textos mientras él me dictaba las palabras. Recuerdo que en un dictado de esos al verificar lo escrito por este servidor me dijo lo siguiente: «Omar tú vivirás de las letras», sonreí con timidez en ese momento y con cierta bonhomía me puse a la orden las veces que fueran necesarias.

Y aquí estoy viviendo de lo que escribo, hasta tanto la O&M extensión Ocoa implemente en su Curriculum la carrera soñada.

¡Sí ombe sí!

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